A la hora de pagar tu hipoteca, seguramente te hayas preguntado en algún momento: ¿se puede cambiar la hipoteca de variable a fija? La respuesta es sí: Puedes cambiar el tipo de interés asociado a tu hipoteca en cualquier momento.
Si actualmente cuentas con una hipoteca a tipo variable, antes de cambiarte a una hipoteca a tipo fijo, es fundamental calcular lo que pagarás en las distintas cuotas de tu préstamo hipotecario, para lo que debes tener en cuenta las previsiones sobre la evolución del índice de referencia de la mayoría de las hipotecas en España, el euríbor.
¿Cuándo merece la pena cambiar de hipoteca variable a fija?
Recordemos que, en función del tipo de interés, existen tres tipos de
Hipoteca a tipo fijo . El interés se mantiene igual durante toda la vida del préstamo hipotecario, lo que significa que la cuota mensual no cambia.Hipoteca a tipo variable . La cuota sube o baja en función de laevolución del euríbor . En cada revisión periódica de la hipoteca, la cantidad a pagar cambiará.Hipoteca mixta . Es una mezcla entre las dos hipotecas anteriores, ya que durante los primeros años del préstamo se aplica un tipo de interés fijo y, posteriormente, se pasa a uno variable.
La principal ventaja de cambiar a una hipoteca fija frente a una de tipo variable es la estabilidad. El titular sabe cuánto paga cada mes, lo que facilita la planificación financiera y protegerte ante cualquier posible subida de los tipos de interés.
Sin embargo, si el euríbor se mantiene en niveles bajos o desciende, una hipoteca variable puede resultar más económica a largo plazo. En todo caso, las hipotecas variables suelen estar indicadas para personas que tienen mayor tolerancia al riesgo y que pueden hacer frente a las variaciones que se producen en las cuotas.
En general, puede merecer la pena cambiar a tipo fijo cuando:
- Se busca estabilidad en la cuota mensual.
- Quedan muchos años de hipoteca por pagar.
- El capital pendiente todavía es elevado.
- Se quiere reducir la exposición a futuras subidas del euríbor.
- La nueva oferta mejora las condiciones actuales del préstamo.
¿Cómo puedo cambiar mi hipoteca variable a fija?
Existen tres formas principales de cambiar una hipoteca variable a fija: novación hipotecaria, subrogación de hipoteca o cancelación y contratación de un nuevo préstamo.
Novación hipotecaria
En esta operación, se llega a un acuerdo con el banco para modificar el interés de la hipoteca y pasarlo de variable a fijo sin tener que cambiar de entidad.
Suele ser una de las opciones más sencillas, ya que el cliente mantiene su hipoteca en el mismo banco. Los gastos habituales pueden incluir la tasación de la vivienda y, si así lo refleja el contrato, una comisión por novación.
Subrogación de hipoteca
Consiste en cambiar el préstamo hipotecario a otro banco, de modo que se puedan modificar las condiciones, como el tipo de interés o el plazo de amortización.
En este caso, los únicos gastos que tendremos que pagar son la tasación de la vivienda y la comisión por
Cancelación y contratación de una nueva hipoteca
La tercera opción es cancelar la hipoteca actual y contratar una nueva. Es el proceso más laborioso y, normalmente, el más costoso, ya que implica liquidar el préstamo vigente, cancelar registralmente la hipoteca anterior y formalizar una nueva escritura.
Esta vía puede tener sentido si, además de cambiar el tipo de interés, se quieren modificar de forma importante otras condiciones del préstamo, aunque conviene analizar bien todos los costes antes de tomar la decisión.
¿Cuánto cuesta cambiar de hipoteca variable a fija?
El coste de cambiar una hipoteca variable a fija depende de la opción elegida y de las condiciones pactadas en el contrato de la hipoteca. En general, la novación y la subrogación hipotecaria suelen ser más económicas que cancelar la hipoteca y contratar una nueva.
Los gastos más habituales son:
- Tasación de la vivienda.
- Comisión por novación o subrogación.
- Gastos de cancelación, si se extingue la hipoteca anterior.
- Costes de formalización de la nueva hipoteca, si se contrata otro préstamo.
Antes de decidir, conviene comparar la cuota actual con la nueva cuota fija, calcular el ahorro potencial y revisar los gastos asociados. Así será más fácil valorar si el cambio compensa realmente.
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