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Solvencia financiera: ¿qué es y cómo se calcula?

Banco Sabadell - Tue Mar 31 10:42:39 CEST 2026
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La solvencia financiera es uno de los indicadores más importantes para evaluar la estabilidad económica de una persona. Hace referencia a la capacidad de hacer frente a las deudas a largo plazo utilizando el conjunto de los activos disponibles.

A diferencia de la liquidez, que mide el dinero disponible en el corto plazo, la solvencia económica y financiera analiza si el patrimonio total permite cubrir todas las obligaciones, lo que resulta clave al solicitar productos como una hipoteca o un préstamo personal.

¿Cómo se calcula la solvencia económica y financiera?

Calcular la solvencia financiera implica analizar la relación entre los recursos disponibles y las obligaciones contraídas. No existe una única fórmula universal para evaluar la solvencia financiera, pero sí varios indicadores que permiten medirla de forma precisa.

Antes de aplicar estos ratios, es fundamental tener una visión clara y actualizada de la situación financiera personal. Para ello, resulta clave consultar el estado de las cuentas de forma periódica, revisar el saldo disponible, los movimientos y las deudas pendientes. Este paso permite identificar con precisión qué recursos se tienen y cuál es el nivel real de endeudamiento, evitando errores en el cálculo de la solvencia.

Indicadores que miden la solvencia financiera

Uno de los ratios más utilizados es el ratio de solvencia, que se calcula dividiendo el activo total entre el pasivo total. Este indicador refleja cuántos activos tiene una persona o entidad por cada unidad de deuda:
  • Ratio de solvencia = Activo total / Pasivo total
Un valor superior a 1 indica que existen más activos que deudas, lo cual es positivo. Sin embargo, cuanto mayor sea el resultado, mayor será el margen de seguridad financiera.

Otro indicador relevante es el ratio de endeudamiento, que muestra el peso de la deuda sobre el total de recursos:
  • Ratio de endeudamiento = Pasivo total / Activo total
A este análisis se añade el ratio de endeudamiento a largo plazo, especialmente relevante en el entorno empresarial, ya que permite evaluar qué parte de la financiación procede de deudas con vencimiento superior a un año:
  • Ratio de endeudamiento a largo plazo = Pasivo no corriente / Activo total
Este indicador ayuda a entender la estructura financiera en el tiempo y el grado de dependencia de financiación externa estable.

Por otro lado, el ratio de apalancamiento financiero, también más utilizado para las compañías que para los particulares, mide hasta qué punto una empresa utiliza deuda para financiar sus activos en relación con sus fondos propios:
  • Ratio de apalancamiento financiero = Activo total / Patrimonio neto
Un apalancamiento elevado puede aumentar la rentabilidad en determinados escenarios, pero también incrementa el riesgo financiero si los ingresos no son suficientes para cubrir las obligaciones.

Para los particulares, se suele emplear una regla práctica en relación a la solvencia financiera: no destinar más del 35-40 % de los ingresos mensuales al pago de deudas

Ejemplos de solvencia financiera

Para entender mejor cómo se calcula la solvencia financiera, veamos un ejemplo sencillo:

Una persona tiene:
  • Activos: 500.000 €.
  • Deudas: 250.000 €.
Ratio de solvencia = 500.000/250.000 = 2.

Esto significa que tiene el doble de activos que deudas, lo que refleja una situación financiera sólida.

Otro ejemplo:
  • Activos: 200.000 €.
  • Deuda hipotecaria: 120.000 €.
En este caso, la solvencia es razonable, aunque dependerá también de la estabilidad de ingresos y del nivel de endeudamiento mensual.

¿Qué diferencia hay entre liquidez y solvencia financiera?

Aunque, a menudo, se confunden, la liquidez y la solvencia son conceptos distintos, aunque relacionados. 
  • Liquidez: capacidad de pagar deudas a corto plazo (efectivo disponible).
  • Solvencia: capacidad de cubrir todas las deudas a largo plazo.
Ejemplo: una persona puede ser solvente (tiene patrimonio suficiente), pero no líquida si no dispone de dinero inmediato para pagar un recibo.

¿Cómo influyen las deudas en la solvencia financiera?

Las deudas son un elemento clave en la solvencia financiera. Un nivel moderado de endeudamiento puede ser incluso positivo, ya que permite financiar inversiones (y compras) o adquirir activos. Sin embargo, un exceso de deuda o
sobreendeudamiento reduce la solvencia y aumenta el riesgo de impago.

Cuando las deudas crecen más rápido que los activos o los ingresos, la situación financiera se deteriora. Esto puede derivar en dificultades para acceder a nueva financiación, mayores costes financieros o, incluso, situaciones de insolvencia.

Estrategias para gestionar la solvencia

Para mantener una buena solvencia financiera, es fundamental aplicar una serie de estrategias prácticas:
  • Controlar el nivel de endeudamiento. Es importante no asumir más deudas de las que se pueden gestionar. Evaluar la capacidad de pago antes de adquirir nuevas obligaciones es clave.
  • Diversificar los activos. Contar con distintos tipos de activos (inmuebles, ahorros, inversiones) ayuda a mejorar la estabilidad financiera y reduce riesgos.
  • Mantener un colchón de seguridad. Disponer de un fondo de emergencia permite afrontar imprevistos sin recurrir a endeudamiento adicional.
  • Refinanciar deudas cuando sea necesario. En algunos casos, renegociar condiciones o agrupar deudas puede mejorar la capacidad de pago y reducir la carga financiera.
  • Planificación financiera a largo plazo. Tanto empresas como particulares deben analizar su situación periódicamente y ajustar su estrategia en función de sus objetivos y del entorno económico. Por ejemplo, es importante consultar de manera periódica el saldo de la cuenta bancaria para conocer el efectivo del que se dispone.
En definitiva, la solvencia financiera es un indicador esencial para comprender la estabilidad económica a largo plazo. No solo permite evaluar la capacidad de hacer frente a deudas, sino que también influye directamente en la confianza del banco a la hora de solicitar un préstamo o una hipoteca. Entender cómo se calcula, diferenciarla de la liquidez y aplicar estrategias adecuadas para gestionarla es fundamental.
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